miércoles, 17 de agosto de 2011

Los nadadores de Gilf Kebir

Gilf Kebir es una región árida y desolada, una remota meseta de arenisca del tamaño de Suiza, situada en el extremo suroeste de Egipto.
Hace unos 10.000 años el paisaje era distinto: agua, una fértil vegetación y una abundante vida animal y humana conformaban lo que hoy es un inmenso desierto árido y pedregoso.


Esta poco conocida civilización dejó su huella en forma de pinturas y otras formas de arte rupestre, en lugares como la espectacular Cueva de los Nadadores. Fue descubierta en octubre de 1933 por el explorador húngaro László Almásy. Almásy dedicó un capítulo a la cueva en su libro de 1934 El Sahara desconocido. En él se postula que las escenas de natación son representaciones reales de la vida cotidiana en el momento de la pintura y que desde entonces se había producido un cambio en el clima.


Además de imágenes de gente nadando, la cueva contiene dibujos de decenas de manos, animales (gacelas, jirafas, leones, perros...), representaciones de caza, pesca, juegos, padres de la mano de sus hijos y lo que parecen ser grupos de gente bailando.


video


https://secure.wikimedia.org/wikipedia/en/wiki/Cave_of_Swimmers

lunes, 1 de agosto de 2011

El hombre de Tollund

En la tarde del 6 de mayo de 1950, dos hermanos estaban trabajando en el pantano Bjaeldskov, un área de unos 6 kilómetros al oeste de la ciudad danesa de Silkeborg. Ya habían plantado sus cultivos de primavera y se tomaron la tarde cortando algo de turba para la calefacción y la cocina.

Una de las palas chocó con algo duro: el cuerpo sin vida de un hombre. Estaba muerto, pero su rostro parecía tan fresco que de inmediato pensaron que había sido asesinado recientemente. Llamaron a la policía y llegaron los agentes. Sin embargo, la policía conocía la historia de la ciénaga. Otros dos cuerpos habían sido encontrados en el mismo pantano, una vez en 1927 y otra en 1938. En lugar de iniciar una investigación por asesinato, llamaron a un arqueólogo de una universidad cercana y lo convencieron para que viera el cuerpo del hombre, que pronto sería conocido como el hombre de Tollund, por el pueblo en que vivían los hermanos.

El arqueólogo, PV Glob, cuenta que la piel del hombre era de color café y su pelo corto era de color rojo, (por el contacto con el agua de la ciénaga). Sólo llevaba un gorro en la cabeza (a partir de ocho piezas de piel de oveja, con la lana hacia adentro) y un cinturón de cuero alrededor de su cintura. Estaba desnudo, aunque la ropa de tela que llevara habría sido disuelta por el tiempo en la ciénaga. Parecía como si estuviera durmiendo, acostado de lado.
Cuando un pequeño trozo de la turba fue removido de su cuello, el profesor vio algo más: una cuerda de cuero atada a una soga cerrada con fuerza alrededor de su cuello. El hombre de Tollund había sido asesinado y enterrado en una fosa que había sido cortada en la turba.

Para su restauración y estudio, fue enviado al Museo Nacional de Copenhague. Pronto se llegó a la conclusión, mediante el análisis de la edad de la turba que le rodeaba, que el hombre había sido asesinado unos 2.000 años antes, durante la Edad de Hierro. Más tarde, los resultados de carbono 14 indicaron que había muerto hacia el año 350 antes de Cristo.

Mediante el estudio de sus huesos, determinaron que tenía unos 40 años de edad cuando murió.

Dentro del estómago se encontró muy poco, el intestino grueso contenía los restos de gachas, una especie de papilla de cerales (algo de cebada, 30 tipos de semillas y varias hierbas). Más tarde, dos arqueólogos trataron de usar la lista de ingredientes y cocinar la papilla: su sabor era muy desagradable.

Por varias razones, los científicos están bastante seguros de que el hombre de Tollund había sido sacrificado a los dioses. En primer lugar, fue sepultado en el tipo de lugar con agua donde los escandinavos creían que podían comunicarse con sus dioses y diosas. En segundo lugar, el contenido de sus intestinos parece indicar que lo mataron en invierno o principios de primavera, una época en que los sacrificios humanos se consagraban a la diosa de la primavera. Finalmente, su cuerpo fue tratado bien después de haber sido colgado, algo que no habría sucedido si se tratara de un criminal común. Fue recogido y colocado cuidadosamente en su tumba. La gente que lo enterró también cerró sus ojos y su boca después de muerto.